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El día que Sonora pudo tener su propio ejército: Carranza vs Adolfo De la Huerta

Adolfo de la Huerta fue el presidente de la República más guaymense de los tres que nacieron en esta heroica ciudad y puerto. Además, ocupó el puesto de gobernador del estado de Sonora y otras destacadas responsabilidades políticas, como la de ser Secretario de Hacienda en el gobierno de Álvaro Obregón. Pero su trayectoria no estuvo exenta de disputas y conflictos en los que siempre intervino con sabiduría y sentido común. Prueba de ello fueron los meses previos a su llegada a la presidencia de la República en 1920 y el conflicto con Venustiano Carranza que la originó. De la tensión entre antiguos compañeros constitucionalista nos da detalles el siguiente texto:

En la imagen, Álvaro Obregón junto a Venustiano Carranza.

«Las circunstancias derivadas de la sucesión presidencial de 1920, en especial la voluntad del Presidente Carranza de imponer un sucesor contra las ambiciones del general Obregón, se tradujeron en un progresivo distanciamiento entre Adolfo de la Huerta y Venustiano Carranza. En enero de 1919, Carranza, a través de un manifiesto, dio la primera señal de que Obregón no sería su candidato. Hizo ver que faltaba todavía mucho para la sucesión y que la efervescencia política podría causar problemas.

Adolfo de la Huerta se dirigió entonces al Palacio Nacional para saludar al Presidente Carranza quién le mostró con sonrisas y explicaciones un afecto que ya no existía. El remate de la conversación fue: «mi amigo, usted debería contender por la presidencia de México, necesitamos un civil, no a un guerrero como Obregón». Esta acción dividiría el voto sonorense asegurando la derrota de Obregón y culminando con la renuncia de De la huerta a la gubernatura de Sonora y dejando el camino libre al carrancista Ignacio Pesqueira al mando del Estado en día de elecciones. La negativa fue contundente, fincada en el compromiso de mantener las mutuas promesas hechas en el pasado: Carranza no sería estorbado por Obregón, a quién le sobraban ganas y recursos para llegar a la presidencia, a cambio de que en el siguiente periodo Obregón no tuviera la oposición del presidente para sucederlo.

Carranza y Obregón rompieron relaciones en el verano de 1919. Obregón, desde su retiro voluntario, no recibía ninguna señal de que el presidente estuviera dispuesto a cumplir con su parte del trato y decidió entonces pasar a la ofensiva. El general Francisco Serrano, presidente del Partido Revolucionario Sonorense, lanzó la candidatura de Obregón. Por su parte, Obregón acusó al régimen de Carranza de inmoral y aseguró que el país vivía en una intranquilidad constante. Las adhesiones a la candidatura de Obregón fluyeron en cascada. En julio de 1919 el Partido Liberal Constitucionalista lo declaró su candidato; en agosto se firmó un convenio de apoyo con la Confederación Obrera Mexicana; y en septiembre el Partido Cooperativista le externó su respaldo, haciendo evidente ante Carranza que la demoledora convocatoria política de Obregón sería dirigida contra el grupo en el poder.

Carranza apoyó con todas sus fuerzas a su débil candidato Ignacio Bonillas, quien se encontraba fuera de México. Los bonillistas organizaron el Partido Nacional Democrático y lanzaron a su candidato en ausencia el 23 de noviembre de 1919,  vendiéndolo como el candidato que impediría el choque militar entre dos rivales por la presidencia, Álvaro Obregón y Pablo González. Tras un «encuentro accidental» entre González y Obregón el 11 de abril de 1919 en el restaurante Chapultepec, se determinó reforzar las posiciones opositoras en detrimento de Carranza quien a los ojos de todos estaba cada vez más aislado y debilitado.

El primero de septiembre de 1919, Adolfo de la Huerta recibió la gubernatura del estado de Sonora de manos del General Plutarco Elías Calle. El nuevo gobernador fue autorizado por el Presidente Carranza para que, a nombre de la federación, procurará la pacificación de la tribu Yaqui y entrara en pláticas con sus jefes. El resultado fue un histórico tratado que, por primera vez, reivindicara los derechos de los indígenas a cambio de la deposición de las armas, pero a última hora el Presidente Carranza se negó a refrendarlo.

Antes de concluir 1919 el Gobierno Federal preparó una columna de 2000 hombres con destino a Guaymas y dispuso el envío de una cuadrilla de aeroplanos a la zona del Yaqui. Adolfo de la Huerta no podía concebir que los yaquis pudieran levantarse en armas de nuevo al menos de que alguien quisiera causarles problemas. El propósito de Carranza al desconocer su rendición era hacer que recayera la responsabilidad del rompimiento de la paz sobre el gobernador y generar así un conflicto local capaz de afectar a todo el grupo político sonorense.

Por otro lado y sin razón aparente estallaron manifestaciones antichinas en Sonora, y Adolfo de la Huerta vio la mano maquiavélica de Carranza tras ellas. Requerido por el Presidente Carranza para que explicara la situación, Adolfo de la Huerta le telegrafió para manifestarle que  «después de todo, tenemos un gran número de chinos en el estado, dedicados al comercio que probablemente han causado un cierto resentimiento entre parte de nuestra gente. Este es un elemento que debe de ser considerado si queremos detener a los agitadores. La violenta respuesta de Carranza no dejó lugar a dudas: «si usted no puede detener estas manifestaciones antichinas yo lo haré». Así, la noche del 31 de diciembre de 1919 Carranza envió instrucciones al general Juan Torres, comandante de las tropas federales, para arrestar Adolfo de la Huerta «porque no había obedecido órdenes del Gobierno Federal».

Alertado por un telegrafista, el gobernador esperó en la mañana al general Juan Torres a quién le comunicó las instrucciones recibidas de la Ciudad de México. El general Torres le manifestó su postura de no obedecerlas y agregó que De la Huerta «era el gobernador legalmente elegido de Sonora y Carranza no tenía derecho a intervenir» en el estado. Don Adolfo ayudó al general a redactar una respuesta mesurada en la que se decía «el jefe de las operaciones militares no se prestaría por ningún motivo a violar la soberanía del estado de Sonora».

Adolfo de la Huerta, uno de los tres presidentes de México nacidos en Guaymas.

Carranza ordenó al general Torres que se trasladara de inmediato a la Ciudad de México donde fue juzgado por desobediencia. Antes de salir de Sonora, al despedirse de sus oficiales, les informó de su traslado. También les pidió que velaran porque no fuera amenazada la soberanía del estado. Estos militares, sonorenses en su mayoría, y al mando de alrededor de cuatro mil soldados, juraron lealtad de apoyo al gobernador Adolfo de la Huerta.

De la Huerta llamó al General Francisco R. Manzo, a quién pidió que organizarse a la brevedad una milicia estatal, en colaboración con los presidentes municipales. Pese a que la situación parecía no dejar más camino que el estallido de la violencia, Don Adolfo hizo sus últimos intentos por reconciliarse con Carranza. A principios de enero de 1920 escribió una carta al presidente, enviada a través de un mensajero. Este tenía las instrucciones de entregarla en persona a su destinatario y esperar la respuesta. Al cabo de dos semanas, el correo regresó con las manos vacías, solamente con la promesa de una comunicación en la primera oportunidad.

Con esta actitud, quedaban definitivamente suspendidas las relaciones entre De la Huerta y el Gobierno Federal. En aquella carta De la Huerta intentó persuadir a Carranza que cediera, dejando que Obregón corriera sin su oposición a la presidencia y entonces las aguas estarían tranquilas. Pero Carranza no se dio por vencido y envió al general Juan José Ríos como nuevo jefe de las operaciones militares en Sonora.

El 10 de abril de 1920, ante las agresiones de Venustiano Carranza al gobierno de Sonora, éste declara públicamente la suspensión de relaciones con el gobierno central. El Congreso del Estado, en apoyo a su gobernador, Adolfo De La Huerta, promulgó el 10 de abril  la Ley número 30. Este cuerpo legal le concedía facultades extraordinarias en los ramos de Hacienda y Guerra, a fin de preparar la defensa. Pocos días después,  el 23 de abril, se firma el Plan de Agua Prieta, que conduciría a la caída y muerte de Venustiano Carranza, y el inicio de un nuevo ciclo en la historia de México.»


Texto tomado del libro «Adolfo de la Huerta: la integridad como arma de la Revolución«. Pedro Castro Martínez .1998. Universidad Autónoma Metropolitana. Siglo veintiuno editores. (Comprar aquí)

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